Historia de las murgas en Canarias
Los orígenes de las murgas se remontan al Carnaval de Santa Cruz de Tenerife de 1917, cuando en el puerto de la capital chicharrera estaba atracado el buque Laya. Parte de su tripulación provenía de Cádiz, por lo que participaron en las fiestas constituyendo una chirigota.
Es así como el pueblo santacrucero vio el nacimiento de las murgas canarias y fue testigo de una nueva forma de vivir la fiesta, un nuevo modo de participar formando un grupo musical de corte bufo donde la letra de las canciones era más importante que la interpretación de las mismas, pues contenían temas propios de la actualidad isleña y otros más banales de contenido «picante», y donde el humor y la crítica jugaban un papel fundamental en sus composiciones y actuaciones.
De esta manera, ya que esta nueva forma de vivir la fiesta caló muy hondo en el carnaval tinerfeño fue completamente aceptada por los ciudadanos como un colectivo carnavalero más. Al año siguiente, cantando canciones similares con contenido crítico y humorístico, se vieron recorrer las principales calles y plazas de la población, varios grupos de carnavaleros que, sin saberlo, irían dotando de una personalidad propia a este tipo de agrupaciones, para culminar en esa forma particular o cualidad que constituye, hoy en día, a la murga canaria.
El cambio ha sido notable desde que apareciera la primera murga en el archipiélago. Actualmente, estos grupos llegan a cantar en 5 o 6 tonos diferentes, la percusión cada vez incluye más instrumentos y ritmos más movidos, las coreografías aumentan y las letras de las murgas canarias se preparan con más cautela y antelación que antes.