Durante los siglos XVI y XVII, su población aumentó considerablemente. De hecho, hay múltiples alusiones al mismo en los textos históricos posteriores y sobre todo a los “Cedularios del Cabildo”. En estos últimos se explican las funciones que realizan, esencialmente como guardián y pastor de ganado vacuno.
A lo largo del siglo XVIII los británicos extendieron en Canarias sus tradiciones deportivas relacionadas con el perro como combatiente, produciendo el mestizaje con el perro autóctono. Solían utilizar sus típicos perros gladiadores, como bulldog y bullterrier.
Consecuentemente, se generaron algunas modificaciones morfológicas. Ya no estaba considerado solo como un perro de presa que desarrollaba una correcta labor como guardián o como boyero, sino que además debía tener buena disposición para la lucha. A partir de ahí, los cambios que experimentó la raza van ligados a mejorar las características para el combate.
El dogo canario sufrió un retroceso como raza a partir del año 40 del siglo XX cuando se prohibieron las peleas de perros en España y llegó a estar en vía de extinción en la década de los 60. Pero solo diez años más tarde, en el 70, se inicia su recuperación como patrimonio autóctono de las Islas Canarias.
En definitiva, la historia del presa canario es bastante peculiar. Por suerte, esta raza canina ha superado los obstáculos de la historia y ha recuperado toda su fuerza y vigor para poder perpetuarse en el imaginario de todos los isleño. Conoce más sobre la cultura canaria en Canarias Confidencial.