Alfredo Kraus: el mejor tenor de la historia

Alfredo Kraus, la leyenda del canto, sigue viva en los corazones de los canarios.

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Si algo tenía el magnífico tenor canario Alfredo Kraus era carisma. Le bastaba salir a escena en Werther y decir la primera frase «¿Es aquí la casa del Comendador?». Piel de gallina. El público anonadado con cada palabra que pronunciaba.

Y es que Werther, el papel titular de la ópera de Jules Massenet, se convirtió en su principal caballo de batalla desde que lo incorporara a su repertorio a mediados de los años setenta gracias a su distinción, su dominio de la mezza voce, su exquisita dicción y la elegancia de su fraseo.

Pero no fue solo este el papel donde brillaba, sino que también lo hizo en repertorios mozartianos y belcantistas como «Don Giovanni», «La sonnambula», «Luca di Lammermoor», «I puritani» o «L’elisir d’amore», en las verdianas «La traviata» y «Rigoletto» o en otras óperas francesas como «Les contes d’Hoffmann», «Les pêcheurs de perles», «Manon», «Romeo et Juliette» o «Fausto».

Todo ello sin olvidar sus incursiones en la zarzuela, como en «Marina» (uno de los últimos títulos que cantó en el Teatro de la Zarzuela en 1994) y «Doña Francisquita» (con ella reinauguró en 1956 el Teatro de la Zarzuela y se dio a conocer en una histórica función dirigida por José Tamayo).

De acuerdo con la exquisita soprano alemana Elisabeth Schwarzkopf, Alfredo Kraus era «el tenor que posee la más óptima técnica vocal de nuestra época». Para el legendario tenor italiano Giacomo Lauri-Volpi, el canario era el máximo belcantista del siglo XX.

El debut tardío de Alfredo Kraus

Contaba con 29 años cuando la Ópera de El Cairo le asignó cantar «Tosca» y «Rigoletto», un debut algo tardío para lo que suele ser lo normal en el mundillo del canto, al que llegó gracias a la influencia de su hermano Francisco. Se hablaría pronto acerca de un joven tenor rubio de ojos azules, que vendría al mundo el 24 de noviembre de 1927 en Las Palmas de Gran Canaria.

Dos años después de sus actuaciones en Egipto, el tenor debutaría junto a María Callas con «La traviata» en Lisboa. La soprano griega se sorprendió con la actuación del gran tenor canario y no quiso salir a saludar en solitario, sino acompañada por él. La mezzosoprano Giulietta Simionato confesó que hacía mucho tiempo que había dejado de creer en la perfección, pero al escucharle cambió de opinión.

Una carrera exitosa

En una ocasión en el Teatro Real de Madrid a principios de los ochenta, al acabar su interpretación del aria «Fra poco a me ricoveró» de «Lucía di Lammermoor» un espectador le gritó «¡Perfecto!». Un adjetivo que sería utilizado para enfrentarle a otro de los pilares del canto español: Plácido Domingo.

Quizá tenía algo de envidia al no contar con el interés mediático de otros compañeros de profesión como el mencionado Plácido Domingo o José Carreras. Criticaba abiertamente los conciertos multitudinarios en lugares como los estadios de fútbol. Alcanzó una gran popularidad en aquellos años, aunque los medios de comunicación no tenían la influencia que tuvieron en los ochenta y noventa.

Alfredo Kraus, el magnífico tenor canario, uno de los más grandes cantantes de ópera del siglo XX. Se lo llevó un cáncer, pero en realidad murió de pena; el fallecimiento, dos años antes, de Rosa, su mujer, había sido una losa demasiado pesada para él. Hoy en día, su figura permanece asociada a la de la elegancia y la exquisitez en el canto. Es ampliamente recomendable visitar la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria y sentir su influencia, especialmente en el auditorio que lleva su nombre.

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