Los 15 errores que todos los docentes cometen

0 291


 

 

A veces como docente nos equivocamos, olvidamos nuestro verdadero propósito frente al alumno, tomamos el camino incorrecto, pero no hay que olvidar que de los errores se aprende. Así que debemos identificar y aceptar con dignidad nuestras fallas para luego poder corregirlas.

Santiago Moll, educador y dueño del blog Justifica Tu Respuesta, nos comparte los 15 errores que él ha cometido en el salón de clases a lo largo de sus 15 años como docente, y qué ha aprendido de ellos.

1. Oír no es lo mismo que escuchar.

Oír a los alumnos es atender lo que están diciendo, escuchar es entender lo que dicen. Muchas veces oímos lo que nos dicen, pero nunca prestamos suficiente atención pues estamos más preocupados por nuestros problemas o por aquello que está sucediendo a nuestro alrededor. Es necesario aprender a escuchar activamente, tener la capacidad de vaciar tu mente y entregar tu tiempo a quien se está dirigiendo a ti.Sólo así podremos

2. Valorar más el resultado que el proceso.

Error muy común entre los docentes: considerar que el examen lo es todo, la única evidencia del proceso de enseñanza-aprendizaje. Lo importante como maestros es supervisar que el alumno aprenda no sólo al final de un curso o un examen sino a lo largo de todo el curso. El verdadero valor está en que asimilen y retengan el conocimiento, no en una calificación.

3. Fomentar la perfección y no la excelencia.

Cuando el examen es el rey, la perfección se convierte en la meta de cualquier aprendizaje. Sin embargo, ahora se entiende que la excelencia es mucho más importante que la perfección pues incide más en el proceso que en el resultado.

4. Evitar los conflictos.

Los conflictos en sí no son malos, pese a la connotación negativa que el propio término implica. De lo que se trata es de transformar el conflicto en un conflicto positivo, es decir, hacer entender a nuestros alumnos que una persona no se mide por los conflictos o sus errores sino por cómo se comporta y supera esos momentos de crisis. Además es un buen momento de enseñanza pues los niños pueden aprender el valor del diálogo, la tolerancia y la resolución de conflictos.

5. El silencio es orden y disciplina.

Para enseñar, el silencio es imprescindible. Sentencia que para la enseñanza tradicional y unidireccional (el maestro habla, el alumno escucha) es básica. Hoy en día, no podemos continuar con este tipo de enseñanza, como maestros debemos adaptarnos a las nuevas generaciones, a su espíritu de libertad y de gran crítica. Sí, habrá momentos donde el silencio sea necesario (pues siempre es muestra de respeto a quien se encuentre hablando), pero también debe haber momentos para el debate y el espíritu crítico.

6. Ser simpático en lugar de empático.

Una forma fácil de acercarse y crear lazos de confianza con los alumnos es a través de la simpatía y el humor. Sin duda es una gran herramienta para ganar la aprobación de los estudiantes, de tener siempre una respuesta para terminar cualquier conflicto, etc. Pero debemos recordar que la simpatía es una solución que se centra en la esquivar el conflicto, mientras que la empatía se centra en la persona, es una solución que no juzga sino comprende.

7. Explicar no es lo mismo que enseñar.

Es inevitable que, cuando se empieza a ejercer como docente, se confundan los términos explicar y enseñar. Una buena clase se identifica cuando hay un balance entre explicaciones y demostraciones, entre transmitir conocimientos y provocar que el conocimiento surja del alumno mismo. Es más importante que el niño aprenda a aprender, a que aprenda sólo conocimientos.

8. Formular preguntas cerradas.

A veces para facilitarnos el trabajo realizamos preguntas sencillas que sólo tienen una respuesta correcta, preguntas que no generan opciones y que no buscaban el diálogo. Si algo debemos aprender es que las preguntas abiertas, las que incitan a la duda, al cuestionamiento y reflexión son mucho más efectivas en el proceso de aprendizaje pues inciden en lo emocional e invitan a la retroalimentación.

9. Sancionar en vez de mediar.

Ante un conflicto en el aula, la opción más rápida e inmediata es la sanción. Sin embargo, la sanción carece de diálogo, por lo que la mediación es un método mucho más efectivo porque tiene un efecto reparador. Es importante que nuestros alumnos aprendan esta habilidad pues será de gran utilidad a lo largo de su vida personal y profesional.

10. Enfocarnos sólo en la inteligencia intelectual, nunca en la inteligencia emocional. 

La educación tradicional es una educación lineal en la que sólo hay tiempo para trabajar conceptos y procedimientos. Si, en cambio, le damos importancia a las emociones podemos replantear la forma en la que se enseña en las aulas, transformar el currículum académico y ligarlo a fomentar las competencias emocionales.

11. No animar a la cooperación.

Una vez de que se pretende cambiar el espacio y los procesos en el aula, es fácil darse cuenta que hay una gran cantidad de oportunidad que se nos abren. Una de ellas es impulsar a que los propios alumnos aprendan de sus compañeros. Sustituir la clase tradicional por una clase cooperativa e innovadora ayuda a transformar los tiempo y el espacio en el salón de clases.

12. Aplazar la educación inclusiva.

Aunque se sea sensible con el tema de la educación inclusiva, no siempre es posible implementarla efectivamente, pero cuando se comienza a transformar el aula y a liberar tiempo como docentes podemos comenzar a dedicar a los alumnos con necesidades educativas especiales toda la atención que requieren.

13. Utilizar las TIC como sustituto, no como aliado.

Seguramente muchos maestros han sido testigos de la evolución tecnológica en la vida diaria y su consecuente inclusión en las escuelas. Dado que este es un cambio muy nuevo y completamente diferente a lo acostumbrado, es fácil pensar que la tecnología podría estar por encima del docente, pero con el tiempo se aprende que las TIC nunca podrán sustituir el verdadero trabajo del maestro, sino que son sólo un acompañante, una herramienta para hacernos mejores docentes.

14. No valorar el error como una forma más de aprendizaje.

Cuando se valora el proceso más que los resultados, nos damos cuenta que el error es un elemento indispensable para el aprendizaje. Ésto, claro, cuando se enfoca el error desde una perspectiva constructiva, material nuevo de aprendizaje.

15. Promover el “saber” por encima del “saber hacer”.

“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”. Cuánta verdad esconde esta cita de Benjamin Franklin. Es común pensar que el aprendizaje consiste en saber, en acumular definiciones, fechas, nombres de obras… De lo que verdaderamente se trata es enseñar a que los alumnos aprendan destrezas y habilidades para que puedan enfrentarse al mundo que los espera.

 

Fuentes: Redacción AZ. Revista de Educación y Cultura

Leave A Reply

Your email address will not be published.